sábado, 17 de enero de 2015

Encerrada

Quizá en verdad estaba loca y no lo sabía, quizá todo lo que me dijeron era una verdad que ahora alcanzo a comprender. No sé lo que hice ni porque estoy encerrada en estas cuatro paredes que me atormentan cada día, cada hora, cada minuto, estas cuatro paredes oscuras, tan oscura como el alma de quien rige este sitio infernal.

Después de estar cuatro meses, cuatro largos meses encerrada en este infierno, ya me torturo diciendo. -estoy loca y tengo que estar aquí por algún motivo-, pero cuando escribo estas palabras me doy cuenta de que no es así, no hice nada malo ¿qué podría haber de malo en enamorarse de una chica?

Mi madre cuando me internó en este sitio me dijo que era el mejor lugar para mí, que aquí me curarían, de lo que ella consideraba una grave enfermedad, le supliqué que no lo hiciera pero como siempre me miró con sus ojos indolentes, sin la más mínima piedad y me empujó hacia este sitio como si fuera una vulgar rata de la que se quiere deshacer lo más pronto posible.

 En cuatro meses no he tenido noticias ni de ella, y en verdad no las espero ni las quiero ya, para ella no significo más que una hija con una enfermedad incurable de la que se quiere deshacer. Ni tampoco sé nada de la pobre chica de la que me enamoré, quizá ella al igual que yo esté en un lugar parecido o peor a este, o incluso y lo que me rompería el corazón, yacente en algún lugar, muerta.

Los días aquí son como un infierno. Me los paso encerrada en mi habitación sola, sentada en la cama, pensando en cómo acabarán mis días, en los días que en verdad ya no quiero que sean tan largos, ni que sean. Simplemente que no haya más días para mí, cada día me acuesto rezando y suplicando que ya no me despierte más, que ya llegue mi sueño eterno, al que llevo esperando desde la primera semana que estoy aquí.

Hay situaciones peores que la mía por supuesto, yo llevo tan solo cuatro meses, pero otros llevan años y años, los del exterior se dirán que llevando tanto tiempo se habrán curado, pero si tuvieran un mínimo de preocupación, por los seres que internaron aquí, supuestamente por su bien y porque los querían, verían que lejos de curarse están mucho peor. Caras amargadas de desesperación, caras en las que ya no se podría ver el alma de un ser humano, porque la regente de este lugar, la madre superiora, se la ha arrebatado, nos ha quitado cualquier esperanza que pudiéramos tener, cualquier alegría que pudiéramos albergar, nos la ha vedado, simplemente nos ha dejado la amargura, la tristeza, los sollozos por las noches, las lágrimas que corren por nuestros ojos sin parar y sin acabarse porque es lo único que se puede hacer aquí, llorar y esperar a que la muerte te llegue y puedas descansar en paz.

Estas palabras las escribo para no volverme loca en este lugar, en un sitio marcada por la desesperación y la muerte que provoca aquella horrible mujer, de la que todos esquivan su mirada pues encierra en ella la mayor maldad que puede contener un ser humano.

Ahora como todos los días, monótonos y aburridos, arrugaré esta, de las tantas hojas que llevo escribiendo y la tiraré, me meteré en la cama, esperando mi muerte o que pase rápidamente otro día más en este infierno, con la esperanza de que algún día me pueda escapar y conmigo salgan todos los que estamos aquí injustamente. Espero que ese día llegue pronto, mas me temo que tardará o bien nunca llegará, pero aún hoy y en estas lúgubres paredes recuerdo lo que me enseñó la persona que más quiero en este mundo y es que la esperanza se debe tener siempre hasta en los momentos donde parece que una capa nos tapa la poca que albergamos, ya que un día esa capa volará.


Aunque para mí quizá esa capa que tiñe de negro mi esperanza sea demasiada pesada y nunca llegue a volar…

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