jueves, 1 de enero de 2015

La sangrante historia de una mujer...

Tengo dos hijas, estoy sola y no puedo pagar mi casa, ¿qué puedo hacer?, he buscado trabajo, no encuentro nada, he buscado ayuda en lo que se supone que garantiza el bienestar, el Estado, la respuesta que me dieron un no, un no tenemos dinero. Cuando me lo dijeron me reí, no podía creer que cuando hay gente, no en empresas privadas no, sino en los servicios públicos que cobran miles y miles de euros, y los que no aparecen reflejados en las nóminas, digan a una mujer que tiene dos hijas, antes maltratada por su novio y hasta hace tres años con un trabajo estable que el Estado no tiene dinero para ella, ¿dónde está para los que realmente lo necesitamos?-me lo pregunto yo, pero como yo, habrá miles…

Cuando perdí mi trabajo creía que no iba a pasar nada, total ¿desde cuándo no se necesitan profesoras?, que ingenua era por entonces. Llevo tres años en casa ya buscando y desesperando para encontrar un trabajo, no me importaba si era de profesora, limpiadora, dependienta, solo quería lo justo para dar de comer a mis hijas. Hasta hace un año todavía tenía esperanzas de encontrar un trabajo de volver a una vida, quizá para muchos no muy buena, pero para mí la mejor del mundo.

Ahora el gobierno promete que hay trabajo, si me preguntaran a mí diría-yo no veo que lo haya, yo al menos no, quizá sea porque soy una mujer de 45 años que ya no valgo para nada-esas palabras antes no las creía, no me las quería creer, pero ya es tarde, no me dejo de atormentar porque muchas veces les digo a mis hijas de 14 y 15 años-hoy hay que mantenerse con pan y con suerte algún filete- ellas me miraban, ¿que si lo entendían?, me preguntaréis, claro que lo entendían, era a las únicas que tenía conmigo, lloraba cada noche y ellas se refugiaban conmigo y yo con ellas, no solo para consolarnos las unas a las otras, no, también para darnos calor en aquellas frías noches de invierno, puesto que como habréis imaginado la calefacción estaba descartada desde hace mucho tiempo.

Esa solo es una parte de mi historia, para mí la peor, quizá me preguntaréis el por qué después de oír todo, os lo adelantaré y os diré, lo que vosotros ya sospecháis, porque por eso no puedo garantizar el alimento, la educación, el calor y ni siquiera la higiene de mis hijas. La otra parte de mi historia la dejé caer antes, sí, soy una mujer, de esas tantas que por desgracia han sufrido violencia de género, que me gusta decirlo, por supuesto que no, pero si estoy por decir mi estupenda vida (véase la ironía) lo diré.

Ese, al que espero no volver a ver su rostro, ese del que un día me enamoré hace cuatro años, que estúpida era, al principio se presentaba como un chico modelo, un chico del que quizá se hubiera enamorado hasta la chica más desconfiada. Pero poco a poco se fue transformando, de las sonrisas cada mañana pasaron a los insultos, de los besos por las noches pasaron a los golpes, la vida feliz pasó a ser un tormento día a día, hora a hora, minuto a minuto. Que por qué no decía nada me diréis, ingenua de mí, lo quería, estaba enamorada como las ingenuas jovencitas de hoy en día se enamoran rápidamente, así era yo, además creía que cambiaría y a mis hijas de momento no las tocaba, es más se portaba como si fuera su padre.

No tenía ya ni ganas de trabajar, de hecho no fui los últimos dos meses de colegio, me preguntaron el porqué los compañeros, puse una excusa que hasta a mí me pareció repugnante, dije que una de mis hijas estaba enferma. Al principio todo era bonito, bonita como cualquier relación, besos, caricias, pelis juntos, pero después se convirtió todo en un infierno, la amabilidad se convirtió en odio, el amor en celos, mi cariño hacia él en miedo, todo se trasformó, al principio no me lo creía, -¿dónde estaba el chico del que me enamoré?-me preguntaba una y otra vez, una y otra vez me atormentaba-¿cómo me pude enamorar de eso?-como he sido tan estúpida.

Pasaban los días, días que eran eternos, días que los pasaba entre llanto y llanto, por supuesto ocultándome de mis hijas, no quería que sufrieran conmigo, no quería que estuvieran a mi lado en esos angustiosos momentos.

Pero llega un día, llegó un día en que no pude más, casi me mata. Me pegó donde nunca me había pegado, me dejó toda la cara ensangrentada de los golpes. Mis hijas llegaron del colegio y lo vieron todo, vieron como aquel hombre, aquel que habían considerado como un chico amable, dulce, cariñoso era en realidad el hombre más horrible que habían visto en sus vidas, en sus cortas vidas. Mis niñas rápidamente actuaron, lo cogieron como bien pudieron, sacaron una fuerza que nunca había visto, una rabia se apoderó de ellas, el vínculo de una madre con sus hijas les hizo comportarse así, lo consiguieron sujetar, lo justó para zafarme yo y golpear a ese, que no nombraré y dejarlo inconsciente.

Luego ya os podéis imaginar lo que pasó, llamé a la policía y se lo llevaron lejos de mi vista, afortunadamente después del juicio y todo el rollo de esta, tan rápida justicia nuestra, no lo he vuelto a ver y espero que sea así para siempre.Lo peor de todo que ni a mí, ni a mis niñas se nos ha conseguido olvidar ese momento y ese rostro poseído por la rabia -¿cómo hacerlo?, lo único que me ayuda son mis hijas en este momento, no tengo a nadie más y en verdad no necesito a nadie más en mi vida, ellas me dan todo el cariño que necesito, el amor que cualquier persona precisa.
Y esa es mi historia, ahora estoy pendiente de una orden de desahucio, que se dará como mucho en una semana, espero poder contaros que he conseguido evitarla, lo espero…


Este tan solo es un relato escrito por mí, un chico de 18 años, pero desde aquí mi apoyo a todas aquellas mujeres que han sufrido o que sufren, y si es así denunciadlo, violencia de género. Nadie merece pasar por eso, 59 es el sangrante número de mujeres asesinadas por esta lacra social en 2014 en España, cada una con un nombre, con una historia, con una vida…, no son solo un número, que el 2015 empiece y acabe con cero víctimas de violencia de género.

Tolerancia cero contra la violencia de género. 


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