viernes, 29 de julio de 2016

Los 3 primeros capítulos de La Nigromante

PRÓLOGO





Hace más de 500 años, brujos y brujas se declararon la guerra. La oscuridad guio a los primeros, mientras que las segundas prefirieron no sucumbir al lado más cruento de la magia. Ellas, a diferencia de ellos, eran conocedoras de que toda magia, tiene un precio y mucho más si se trata de brujería oscura.
El enfrentamiento entre las estirpes más antiguas del mundo comenzó por un libro, conocido como La Nigromante-. Se cuenta que esconde el poder suficiente como para resucitar a cuantos brujos y brujas hubieran muerto, pero sin consciencia y a las órdenes de su portador. Su magia es la más poderosa que alberga este mundo. No obstante, un inconveniente encierra sus viejas y desgastadas páginas. Su poder, es oscuro. El más oscuro de cuantos haya podido crear la magia a lo largo de la historia. De forma que el origen de la magia negra y de la peligrosa nigromancia, se encerraba en sus escritos.
Generaciones atrás de brujos y brujas, ambiciosos de poder, habían buscado este libro, mas nunca había sido hallado. Quien lo escondiera, se había encargado de que su magia estuviera oculta a todos los ojos indiscretos, ya que si no todo el mundo estaría en grave peligro, incluidos los indefensos y débiles seres humanos. Sin embargo, en 1508, una joven e ingenua bruja, llamada Sukra, pudo percibir un extraño poder enterrado cerca de las pirámides de Gizeh.
Gracias a su magia, empezó a levantar la tierra de alrededor de las pirámides. Allí, encontró el libro más poderoso de la magia oscura, aunque ella ni siquiera alcanzaba a  entender lo que significaba ese descubrimiento. De tal forma, decidió llevárselo a sus dos hermanas y a su novio, Aswad, el primogénito de Khalid, máximo representante de los brujos en el gran aquelarre.
Cuando llegó a su casa, sus hermanas, Amunet y Nufret, se quedaron de piedra al ver el descubrimiento de Sukra. Ellas sí sabían lo que significaba y tenían que convocar al gran aquelarre de inmediato. En este, se reunían los líderes de los pequeños aquelarres repartidos por el mundo. Por ello, todo lo que se discutiera o se decidiera en él, tendría una repercusión total. Por encima de todos ellos y quienes lo presidían, estaban la reina para las brujas, Yaiza y el guerrero más poderoso para ellos, Khalid.
Así, las tres hermanas corrieron rápidamente a convocar el gran aquelarre donde ya era el sitio habitual. Al lado de la gran esfinge de Guiza.
—Yo, Amunet, convoco a todos los brujos y brujas, que pertenecen al gran aquelarre, en este lugar y en este tiempo. En esta hora y en presencia de mis dos hermanas. Yo, bajo el nombre de Amunet invoco de nuevo a reunión a todos los integrantes del gran aquelarre. De esa forma, hicieron acto de presencia numerosos hombres y mujeres entre sus características esferas de humo.
—¿Cuál es la gravedad del asunto por el cual nos habéis convocado hermanas? —preguntó Yaiza en tono severo.
—Hemos encontrado esto, mi reina. Creímos que la mejor opción era que lo custodiarais vos —explicó Amunet, mientras se arrodillaba ante su reina.
—No puede ser. Este es el libro de La Nigromante, fue ocultado hace más de quinientos años. Muchos son los que lo han buscado y los que han fracasado en su intento —explicó una de las brujas más veteranas del gran aquelarre.
—¿Cómo lo habéis encontrado? —preguntó asombrada la reina.
—Mi hermana, Sukra. Logró detectar su poder y finalmente lo cogió —aclaró Amunet preocupada.
—Nuestros antecesores se encargaron de custodiarlo con una magia muy fuerte. Supongo, que a lo largo de los siglos, su magia se ha ido consumiendo —explicó Amunet.
Pocas veces algo sorprendía a la reina, pero esta vez lo había hecho. Así, tocó por todos los lados el libro y sopló el polvo que aún le quedaba para descubrir su portada negra y el título que escondía. El arte de la Nigromanacia.
—¿Dónde lo habéis encontrado? —preguntó el brujo que acompañaba a la reina.
—Allí mismo —contestó Sukra, la más joven de las tres, señalando con el dedo índice el lugar.
—Con este libro podríamos resucitar a todos los que han muerto contra los cazadores —vociferó un brujo.
—¡No! —gritó la reina—. Este libro contiene la magia más oscura que te puedas imaginar. Nadie lo usará, mucho menos en mi presencia —aseveró.
—Pero, piénsalo. Tu hermana volvería a la vida —le susurró Khalid, el más respetado dentro de sus filas.
—Nunca usaremos la magia oscura y mucho menos para beneficio propio. Su coste, sería demasiado elevado e imprevisible en sus consecuencias —aseveró Yaiza.
Los brujos protestaron, sin duda estaban de acuerdo con lo que había dicho su líder. El libro los llamaba, reclamaba que se abriera y se usara su terrible poder. Hasta que finalmente, uno de los brujos, Aswad, el novio de Sukra, también presente en la reunión, pues era hijo de Khalid, se dejó llevar por la voz y arrebató, por sorpresa, el libro de La Nigromante.
Cuando Aswad abrió el libro, la energía que brotó de ella fue devastadora. Una onda expansiva arrojó al suelo a todos cuantos se hallaban allí y el gran foco de luz blanco, que de él emanaba, cegó a los que más cerca estaban. Afortunadamente, Yaiza fue lo suficientemente rápida después de que desapareciera esa enorme energía, para neutralizar a Aswad. De forma que, pudo cerrar el libro antes de que desatara todo su poder. El ataque de la reina fue demasiado potente y Aswad, se desplomó al suelo mientras se desangraba por la boca y la nariz.
El joven Alastor, hermano de Aswad, corrió rápidamente a verlo, pero ya era demasiado tarde para poder hacer nada por él. El primogénito de Khalid estaba muerto.
—Pagarás esta traición. Has matado a mi sucesor y su asesinato será vengada con tu muerte —amenazó el líder de los brujos que desapareció junto con Alastor y  todos los demás. Así, solo quedaron las mujeres.
—A partir de este día, el gran aquelarre solo estará integrado por mujeres. Los brujos han demostrado hoy que se pueden corromper fácilmente y que su lado es la oscuridad como ya sospechábamos algunas.
Antes de desaparecer y concluir el gran aquelarre, Yaiza se percató de que el libro no fuera encontrado nunca más. De manera que, lo transportó a la tumba debajo de la gran esfinge de Guiza, asegurándose de que nadie más volviera a tocar ese libro bajo la protección de un poderoso maleficio. Así, a partir de este momento el libro más poderoso de la magia oscura, estaría protegido por el mismísimo dios de la muerte.
Antes de desaparecer, las brujas arengaron a Yaiza, excepto una. Amunet lloraba la pérdida de su ser más querido.
Desde este día, los brujos empezaron a perseguir a toda bruja para acabar con su estirpe. Les declararon la guerra por haber matado al hijo de su guerrero más fiel y más valorado y la oscuridad les atrajo tanto, que ya nunca más salieron de ella.
El conflicto se alargó hasta la misma actualidad…



LAZOS FAMILIARES





Año 2008, Canadá…
Su corazón volvió a latir. La sangre empezó a recorrer de nuevo por cada vena y arteria de su cuerpo. Su primera reacción fue un grito ensordecedor, al ver que de nuevo podía respirar, pero que su cuerpo no respondía a sus órdenes. No sabía dónde estaba, únicamente, que había muerto hace pocas horas.
Poco a poco, se fue recomponiendo, al igual que su cuerpo, que por fin, pasados unos minutos, consiguió reaccionar y levantarse.
Estaba en un lugar apartado de los ruidos y los ajetreos de la urbe. Era un sitio oscuro, boscoso y que nadie visitaba. Un lugar perfecto para deshacerse de un cadáver. Estaba desorientada, inquieta, pero algo le impedía estar asustada. Una extraña fuerza le decía que sabía perfectamente lo que tenía que hacer, vengar su muerte. Mas, otra parte de ella, quizá la más humana, si le quedaba algo de lo que fue, temía no tener el coraje de hacer lo que debía. Porque quien le había clavado el puñal por la espalda era su propia madre.
Diana consideraba a su madre como una persona egoísta, cruel y despiadada. Una mujer, cuyo principal objetivo era la juventud eterna, nada le importaba más. Para ello llevaba años matando a las pocas que quedaban de su raza y mantenerse intacta al paso de los años. Sin embargo, probablemente por ingenua, nunca hubiera pensado que acabaría con su única hija.
Las brujas eran una especie en extinción. Desde los juicios de Salem, son pocas las que quedan y mujeres como Adriana, la madre de Diana, eran mucho más destructivas que los miserables cazadores de brujas que mataban a quienes, ellos consideraban demonios en la Tierra. Simplemente, lo hacían porque no entendían o incluso porque ambicionaban un poder que ellos, ni siquiera podrían dominar. Además, el problema con los brujos se había agravado y atacaban cada vez más a sus antiguas compañeras de guerra.
Diana caminó por la zona pantanosa, donde había sido arrojada como se haría con una rata que muere en una cloaca. Apartada de todo rastro de civilización y de cualquier posibilidad de ser enterrada como cualquier persona se merece. Su cuerpo se habría descompuesto sin ni siquiera tener una sepultura, devorada por los buitres carroñeros que volaban cerca del lugar esperando su próxima comida.
Tras varios minutos caminando, llegó por fin a la ciudad. Tenía un aspecto horrible, su pelo pelirrojo, tan hermoso como el mismo fuego, lo tapaban motas de barro. Su cara redonda con una tez tan blanca como la propia nieve, estaba manchado por manchas marrones y su vestido blanco, que dejaba  gran parte de sus esbeltas piernas a luz del sol, manchado por la sangre que le había salido del pecho cuando su madre, le clavó el puñal directamente en su espalda, sin ningún atisbo de compasión hacia ella, hacia su hija.
No tardó mucho en llegar a la que había sido su casa hasta hace unas horas. Cuando lo hizo, la fuerza que había sentido antes se hizo mucho más fuerte. Sentía que la ira recorría cada palmo de su piel y la tenía que dejar salir, todo su cuerpo fue manifestación de ello. Sus ojos celestes, se fueron tiñendo de un negro tan oscuro como el color de la rosa negra Halfelti y ondulaba no por la fuerza del viento, si no por la energía que transmitía su propio cuerpo.
Cuando llegó a la puerta de su antigua casa, simplemente con un gesto de manos hizo añicos la puerta. Se apresuró a entrar en la casa de aquella, que hasta hace poco había considerado su madre. Ahora, ya no era más que una mujer a la que tenía que matar.
El ruido hizo que una mujer, de semblante duro, apareciera por las escaleras. Adriana las bajó como si no hubiera pasado nada. Ni siquiera le impactó ver a su hija muerta de nuevo allí con ella.
A Diana no le importó que fuera su madre. Levantó las manos y de repente, su energía se sintió en toda la casa, los cristales empezaron a retumbar y la madera de los muebles comenzó a resquebrajarse, al igual que el techo, de donde cayeron varios fragmentos. Después, elevó el cuerpo de su madre y la arrojó contra la pared.
Adriana no movió ni un músculo de su joven y bello cuerpo, pese a tener más de 200 años. A pesar de la fuerza con la que impactó contra la pared, únicamente un hilo de sangre se desprendió por su nariz.
Se intentó defender, pero su hija, resucitada de entre los muertos, había superado a su maestra más cruel. Adriana intentó por todos los medios que Diana no se acercara ni usara más su poder contra ella. Pero, ya nada podía someter la voluntad de su hija, era imparable. Desesperada, lanzó ataques de fuego para acabar con su hija, pero ninguna de ellas penetró su fuerte e inexpugnable escudo.
Ahora, el rostro duro y serio de Adriana pasó a uno de tristeza, de incredulidad y sobre todo, por primera vez en su vida, el miedo se vio reflejado en sus ojos.
—¿Dónde queda la bruja despiadada que no dudó en clavar a su propia hija un puñal por la espalda? —le preguntó en un tono verdaderamente colérico. Diana estaba fuera de control, nada podría parar que matara a su madre.
Adriana no contestó, estaba sangrando por la boca y por la nariz. Sus piernas temblaban, ya ni siquiera podía mantenerse en pie ante su hija. Cayó de espaldas, intentaba retroceder a sabiendas de que su destino, ya estaba escrito. Después de haber acabado con tantas de su estirpe, ahora sabría lo que es la muerte.
Diana agarró el cuello a su madre mientras que esta movía sus piernas sin cesar y agarraba las manos de su hija para zafarse en un intento desesperado por salvar su vida, pero no tenía la suficiente fuerza. Ya era del todo inútil. Sin mostrar rastro de compasión, sus manos hicieron más fuerza hasta que ya sus pulmones se quedaron sin aire, sus ojos verdes se volvieron blancos y sus piernas dejaron de retorcerse.
La tempestad de la batalla dejó paso a la calma. La casa resistió a la energía de ambas brujas, pero los cristales habían reventado en mil pedazos y el techo había quedado realmente dañado.
Aunque sin ser percibida, apareció un manto negro cerca de las dos brujas. De él, apareció una mujer ya entrada en la vejez, aunque hermosa y con pocas arrugas para su edad tan avanzada. Durante unos pocos segundos, se quedó contemplando la escena y como Diana se había quedado mirando a su madre en el suelo, muerta.
—Lo siento, pero no tenía otra opción —susurró para sí, mientras las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Con un simple gesto, hizo que Diana se convirtiera en cenizas. Aquella, que tan solo horas antes la había resucitado, ahora había acabado con ella. Y es que, Diana ya había muerto hace horas y resucitarla y mantener a una difunta en el reino de los vivos, suponía un enorme coste de energía. No se lo podía permitir y mucho menos en la situación de peligro en la que se encuentra su raza.
Aquella extraña mujer desapareció entre la nube negra, dejando atrás los cadáveres de madre e hija.


EL GRAN AQUELARRE





Aquella mujer, que había dejado atrás a dos féminas muertas en una casa, ahora se encontraba en el bosque sola. Había convocado al gran aquelarre para informar de la muerte de la traidora, y estaba esperando a que se reunieran con ella, las que consideraba y llamaba sus hermanas, pese a que no compartían la misma sangre.
Sus ojos azules cristalinos no mostraban arrepentimiento tras haber dejado atrás aquellas mujeres. Al fin y al cabo, no había matado a nadie. Diana, ya pertenecía al mundo de los muertos y Adriana, no merecía vivir más. Muchos no entenderían el porqué de resucitar a su nieta para matar a su propia hija, pero quien tuviera hijos, lo haría perfectamente. Casandra, pese a que conocía todos los males que había hecho Adriana, no tenía las fuerzas necesarias para matar a su propia hija, no por poder, si no porque si miraba a los ojos de la hija, que había cuidado toda su vida, y que se había convertido en una traidora, no podría evitar echarse a llorar y perder el control en la batalla, algo que aprovecharía Adriana sin ninguna piedad contra ella. Sin embargo, ya había cometido demasiados asesinatos impunemente y debía morir. Casandra le brindó la oportunidad a su nieta de vengarse y descansar en paz para siempre.
Muy pronto, los pensamientos de Casandra fueron interrumpidos por la aparición de diez nubes oscuras, de las cuales fueron emergiendo sus portadoras. La mayoría con rostros, cuyas arrugas y heridas, evidenciaban que los estragos del tiempo y de cruentas batallas les habían pasado factura. Pero, también había jóvenes, donde la belleza y sus largos cabellos las diferenciaban del resto. Sin embargo, entre las diez mujeres que aparecieron destacaba una. Su cabello negro como el pelo de una pantera y sus ojos grisáceos imbuían maldad, miedo, pero sobre todo respeto. Tenía un cuerpo joven y sensual, que era realzado por una vestimenta ajustada y oscura. Desde hace unos años, ella, llamada Aisha, había tomado el relevo a Corina, y ahora ella era considerada la reina del gran aquelarre.
—¿Has hecho lo que te encargamos, hermana? —preguntó Aisha a Casandra.
Casandra miró a los ojos grises de Aisha, pese a ser una de las más poderosas del aquelarre, no podía mantenerle la mirada. Incluso sus piernas temblaban ante la presencia de la que consideraban la mujer más poderosa del mundo. A duras penas y con voz temblorosa, el sí, salió de su boca.
—Excelente. No podíamos permitir, en nuestra delicada situación, que una de las nuestras fuera matando a las pocas que quedamos. Ya tenemos suficientes enemigos fuera de nuestras filas a los que combatir.
Otra de las jóvenes intervino apresurada y en tono nervioso.
—Muchas de nuestras hermanas han sido asesinadas en los últimos tiempos. Brujos y cazadores nos están cercando. Cada vez peligra más la supervivencia de nuestra estirpe.
—No lo permitiremos, hermana. Es hora de que salgamos de las sombras y pasemos a ser las cazadoras —aseveró Aisha.
—¿Qué proponéis, mi reina? —preguntó otra.
—Tenemos que dejar de ser, de una vez por todas, las presas. He de convocar la guerra, así que, reunid a vuestros aquelarres. No podemos seguir con esta situación. Ellos nos atacan y siempre hemos estado en una posición defensiva, es hora que ataquemos con todo lo que tenemos —aseveró Aisha.
Las diez restantes brujas se quedaron atónitas antes las palabras de esta. Desde hacía mucho tiempo, no se había convocado la guerra, pero ahora ya era necesario. Incluso, quizá demasiado tarde. Los ataques de los brujos han ido en aumento.
—Estoy de acuerdo. Es la única manera de que nuestra estirpe sobreviva. Hay que acabar con su amenaza definitivamente —apoyó una de las más jóvenes con una tez perfecta.
—La guerra puede significar nuestro fin. ¿Te olvidas de que ellos son muchos más y sus fuerzas ilimitadamente superiores? —cuestionó Casandra con gesto serio.
—¿Desde cuando eres una cobarde Casandra? —replicó la joven.
—Muchacha, tú no tienes ni la mínima idea de lo que es la guerra. Yo perdí a mi madre en una guerra contra los brujos. Desde entonces huimos porque nos dimos cuenta de que es imposible vencer a Alastor y sus secuaces. No soy una cobarde, soy realista y tú, una impertinente que no sabe lo que es el dolor de perder a seres queridos —criticó Casandra.
—Quizá no sepa lo que es el dolor, pero tampoco lo que es tener por hija a una traidora —objetó la joven.
—He acabado con ella en cuanto supimos de sus acciones, así que cállate —aseveró Casandra.
—¡Basta! Pelearnos entre nosotras solo nos llevará a nuestra perdición y es lo que ellos quieren —manifestó la mujer que se situaba al lado de Casandra.
—Tienes razón Acalia —dijo Casandra.
La muchacha se sonrojó al ver que había quedado en evidencia al atacar, de esa manera, a una de las brujas con más experiencia en combate. Ninguna de las demás la apoyaban y ahora la miraban con gesto serio. Casandra, junto con Aisha, eran las brujas que más reputación y respeto cosechaban en el gran aquelarre. Sus familias eran las más poderosas de entre todas las demás y ambas, habían sido discípulas de la mismísima Corina.
—Te tengo en estima, lo sabes Casandra. No obstante, la guerra es necesaria y si no actuamos acabaran con nosotras una a una. Es mejor ir con todo lo que tenemos —explicó Aisha.
—Está bien. Acataré tu decisión, pues eres mi reina. Solo espero que sea la correcta —dijo Casandra.
—Demostraremos que somos las más poderosas o moriremos en el intento. Este cónclave ha concluido, reunid fuerzas porque vamos a acabar con todos nuestros enemigos de una vez por todas. Quien se interponga, sea quien sea, morirá junto a ellos —gritó Aisha, arengando a las mujeres que gritaban con fervor su nombre.
De nuevo, las nubes oscuras emergieron con las que desaparecieron todas las brujas, excepto una. Casandra, se quedó allí sola, reflexionando en cómo actuar ante la delicada situación, que ahora se abría para ella y para sus hermanas. La guerra había vuelto a convocarse y esta vez, no sería temporal si no la definitiva. Su madre había muerto en la anterior, sin que sus hermanas ni ella pudieran hacer nada por ella, quien antes de morir se aseguró de que estuvieran a salvo.
Hace décadas, las brujas no habían convocado la guerra, pues los resultados de la última habían sido catastróficos para las brujas. Miles murieron y desde entonces su única opción es huir y defenderse. No obstante, los brujos han recrudecido sus ataques y la huida ya no es una opción. Es el momento de que las líderes del gran aquelarre reúnan a sus hermanas para enfrentarse con sus enemigos. Necesaria o no, esta será la batalla que ponga fin al conflicto vigente desde hace quinientos años.

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viernes, 1 de julio de 2016

PRESENTACIÓN DE MI LIBRO

¡Hola a todos! Esta entrada es muy especial y es que es para presentar mi libro, que ya tenéis disponible en ebook en amazon ^^. Se trata de La Nigromante. Os dejo la sinopsis para que le echéis un ojo.

"Año 1508, la guerra entre brujos y brujas se desencadena" El conflicto se alarga hasta la actualidad y la gran guerra está a punto de estallar. La supervivencia de las brujas está en grave peligro. Además, una nueva amenaza, mucho más letal, se cierne sobre ellas. La ambición de poder y el miedo a morir, harán que la traición envuelva la atmósfera de las hermanas.

Casandra y su aquelarre harán lo imposible para vencer este nuevo peligro. Incluso, acudir a la magia oscura y prohibida para ellas, con el único fin de salvar a su estirpe de la extinción inminente.

¿Conseguirán salvar a sus hermanas o finalmente, las brujas sucumbirán ante esta nueva y sanguinaria batalla que se avecina?


Y por fin, os dejo el enlace para aquellos que queráis adquirirlo