domingo, 31 de mayo de 2015

Preguntas desde el más allá

Una calle solitaria, una calle triste, una calle que parecía alargarse eternamente, por la que vagaba solo una persona, aquella que ya sabía que su destino estaba sellado. Aquella calle por donde había caminado ya horas, quizá días, quizá semanas, viajaba sin un rumbo fijo, pues no tenía destino al que llegar.

Un camino que emprendió sin rumbo, un camino por el que dejó a todos y a todas, en el que buscaba una respuesta a todas sus preguntas, quizá por eso sea un camino sin destino. Sus preguntas eran demasiado generales, demasiado existencialistas como dirían los románticos del siglo XVIII, quizá un romántico de los que ahora ya no quedan en este mundo.

Una de sus preguntas que me planteó era-¿por qué hay tanta estupidez en el mundo?-él se contestó en el primer trayecto de su camino dibujado en su mente, “la sociedad humana a lo largo de su historia no ha aprendido nada, seguimos siendo tan egoístas como aquellos primitivos que se mataban por conseguir el mejor recurso, seguimos matando por conseguir algo tan miserable como un maldito papel, al que, algunos, le han querido dar un valor, que en realidad no lo tiene, seguimos maltratando estúpidamente a las mujeres, a los niños, a los homosexuales…a todos los que nos dan miedo por ser diferentes al prototipo del ser humano.”

Otra de sus cuestiones que rondaban por su cabeza era-¿por qué todo se repite?-avanzaba en su trayecto, un trayecto que se dibujaba en su cabeza, como si tal trayecto fuera real. Esta pregunta para él tendría la misma respuesta que la anterior, “la humanidad no ha aprendido nada”. Dos guerras mundiales en la Edad Contemporánea, guerras en nuestra cuna de la civilización, Grecia, ahora devastada por la crisis, ahora como hace sesenta años, crisis y miseria en los países, que dicen, más desarrollados. Todo se repite por una sencilla razón, ignorancia del ser humano, ignorancia al ver que comete los mismos estúpidos fallos una y otra vez, sin que tan siquiera su ego y su idolatría consigan verlos, o  peor verlos y no corregirlos.

Otras preguntas que me hizo a lo largo de estas semanas, no logró responderlas-¿por qué tanta miseria?-¿por qué tantas guerras?-¿por qué tantos muertos sin una causa natural como la mía?-¿por qué despreciar tanto la vida humana, justamente aquellos que la naturaleza no se la arrebata?-ahora un hombre yace en la cama, en la cama de un hospital, ocupada durante semanas. Ocupada por un hombre que tuvo cáncer durante cinco años, y que supo plantearse esas preguntas, a las que supo darme algunas respuestas, que ahora escribo en este blog, que seguramente nadie, en este mundo tan atareado, les preste atención. Ni tan siquiera lleguen a plantearse sus preguntas alguna vez, ni mucho menos plantearse las respuestas a las preguntas que no me pudo dar, porque una enfermedad lo arrebató de mis brazos, unos brazos que ya no podrán abrazar más, a un hijo, que yace delante de mis ojos, sin poder hacer nada.