sábado, 24 de enero de 2015

Contra una ley injusta

Recordaréis el relato de la mujer, sí, aquella que sufrió violencia de género y la que sin poder hacer nada se quedaría sin hogar en una semana, un hogar que supuestamente garantiza la Constitución Española del 78, como así se recoge en el artículo 47 de esta, y lo establece tal como “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

Me pregunto, con más motivos cada día, como puede ser tan falsa a la que denominan ley magna, ley inviolable de un Estado, para unos intereses, pero para otros ya no es tan inviolable. Todos conocemos los casos sangrantes de desahucios, y no hablo de segundas viviendas, no, hablo de la única casa que tienen muchas familias, en la única casa donde está nuestra vida, donde la construimos. Si se cumpliera ese derecho nadie estaría sin una vivienda, que como así defiende la Constitución es uno fundamental, lástima que solo se quede en el papel, en la inútil teoría, y no se lleve a la útil práctica.

Me quedé sin casa, como podréis deducir no conseguí que esos despiadados banqueros, mejor dicho, la cúpula directiva, perdonara la deuda a una pobre mujer con dos hijas, que ahora yace en cama de una amiga, al menos en una cama no como otra mucha gente, que permanece en la calle, en la triste calle, no solo nos quitaron una casa, no, nos quitaron algo más, nos arrebataron la dignidad que tiene toda persona, arrojando a muchos a la calle cual vulgar animal. Cuando llegó la orden de desalojo no pude hacer nada, la nueva ley del Gobierno, sanciona con multas de hasta 600000 euros por intentar impedir un desahucio, no es suficiente con quitarnos la casa, sino que también nos quieren matar poniéndonos multas, que es imposible que podamos pagar- ¿De verdad creen que a quienes nos arrebatan la casa vamos a tener semejante dinero o simplemente esperan que nos quedemos en una esquina sin hacer nada, quedándonos mirando cómo nos quitan nuestro hogar, nuestra vida?

Esta ley también impide grabar a un policía, ¿por qué?, quizá temen que alguien grabe algún acto, que lejos de proteger a los ciudadanos, sea algo totalmente contrario, insultando, agrediendo, maltratando, en definitiva abusos de autoridad, en un país democrático, las fuerzas del orden están para proteger y respetar a los ciudadanos, no para que el propio Estado los encubra, ojalá la frase quis custodiet ipsos custodes?1 se tratara más seriamente, ahora ya nadie puede vigilarlos, ni siquiera los ciudadanos, ya no, puesto que si hacen algo fuera de la ley, la que supuestamente deberían defender, también te condenarían a ti por la valiente acción de grabarlo.

Esta es mi reflexión acostada al lado de mis hijas, en una cama ajena, en una cama que doy gracias por tener un techo que gracias a la buena voluntad de mi amiga lo he podido tener al igual que otra gente que ahora mismo está dependiendo de la buena acción de familiares o/y amigos un techo que debería proporcionar el Estado pero que lejos de eso, beneficia a los que nos los quieren quitar, y nos condena a ser impotentes, a que las lágrimas corran por nuestros ojos y a que la rabia que tenemos, la tengamos que reprimir para nosotros ahogándonos en un sufrimiento que creo, no merece ningún humano.


Como conclusión de esta reflexión diré que cada día creo más que una mayoría absoluta es en verdad una dictadura que nos la tratan de vender como una democracia, una democracia en la que, desgraciadamente, cada vez creo menos.  

1 ¿Quién vigila a los vigilantes?


jueves, 22 de enero de 2015

Recuerdos de un horror


Era oscuro, todos estábamos allí, encerrados, parecía que no había cielo en aquel lugar, solo el infierno al que nos condenaban esos fanáticos, a este lugar lo llamaron Auschwitz, nombre que aún hoy me sigue dando escalofríos.

Acabé allí por ser judío como otros tantos, como muchos otros, que fuimos a parar a ese infierno, en ese lugar de tortura donde parecía que el sol no salía, donde todo se encerraba en una oscuridad, alejada de la mano de dios.

Cada día que pasé en ese lugar, lo recuerdo como si fuera ayer, a pesar de que los años hayan pasado y que mi memoria no es la que era, pero recuerdo todo, esas imágenes estarán grabadas hasta la llegada de mi último suspiro.

Recuerdo a un niño, un niño, que había logrado escapar a la suerte de las cámaras de gas, con una mirada que conmovería a cualquier humano con alma, por supuesto Heinrich Himmler no la tenía, solo con que tus ojos le devolvieran la mirada, notabas que tu corazón se aceleraba, si veías que venía hacia ti, empezaba a temblar todo tu cuerpo porque sabías lo que te esperaba, o bien una muerte desagradable, que desde luego era mejor que vivir en ese lugar, o bien una paliza, porque le apetecía desahogarse con algún divertimento, y -¿qué hay mejor que pegar a un judío?-se diría ese indeseable. A ese niño le pegó hasta que la sangre le corrió por la boca, hasta que sus ojos se inyectaron en el mismo líquido que también le salía por la nariz, hasta que se tuvo que arrastrar porque ya sus piernas no podían caminar más. Luego recuerdo lo que hizo, y cada vez que me vienen esas imágenes veo que las lágrimas vuelven a aparecer, como en ese momento ya se mostraron. Sin expresar el mínimo de compasión, ese desgraciado cogió su cuchillo, agarró al pequeño y le puso el arma en el cuello y lo cortó hasta que el corte fue demasiado profundo, cayendo al suelo desangrándose poco a poco hasta que palideció y sus últimos hálitos fueron vistos por todos los allí presentes con las lágrimas que empapaban nuestros rostros.

La mayoría de los que estábamos allí, éramos judíos, pero también había prisioneros de guerra estadounidenses, ingleses y soviéticos, a todos nos trataban como a escoria, algunos morían en el trayecto a este campo de la muerte, en el viaje no daban ni agua ni comida. En ese trayecto vi morir a mi mejor amigo, quizá fue lo mejor para él no podría haber soportado como se vivía en Auschwitz. Sin embargo, no merecía acabar arrojado por la puerta del tren como si fuera simple mierda de la que hay que deshacerse.

Cuando apareció el ejército soviético, en enero del 45, todos los que estábamos allí, mirábamos sin poder creerlo, hacía tiempo que la esperanza de salvarnos y no morir en las temibles cámaras de gas había desaparecido, las lágrimas de todos nosotros corrieron por nuestros ojos incrédulos de lo que estaba pasando, los nazis estaban perdiendo y todos, casi todos, fuimos liberados. Aún recuerdo la gente que murió antes de la liberación del campo, los malnacidos mataron a cuantos pudieron antes de irse ellos a la tumba, se oyeron en esos últimos momentos gritos de dolor, gritos de desesperación, pero después todo quedó en silencio, un silencio sepulcral, por fin estábamos libres y podré y todos los que estuvimos allí podríamos decir que resistimos y sobrevivimos al peor de los infiernos donde pueda estar un ser humano, seres humanos que luchaban por la dignidad, dignidad que nos arrebataron durante un tiempo que se nos hizo eterno y por el derecho más inviolable que pueda haber, la libertad, libertad de la que nos privaron durante demasiado tiempo y a otros para siempre, a los que siempre tendré en memoria.

Aun hoy después de muchos años y muchas experiencias, unas malas y otras buenas, no puedo pisar a lo que han declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, no quiero revivir más esos recuerdos del horror, que marcaron la vida a muchas generaciones y a otros sencillamente se la arrebataron.  


sábado, 17 de enero de 2015

Encerrada

Quizá en verdad estaba loca y no lo sabía, quizá todo lo que me dijeron era una verdad que ahora alcanzo a comprender. No sé lo que hice ni porque estoy encerrada en estas cuatro paredes que me atormentan cada día, cada hora, cada minuto, estas cuatro paredes oscuras, tan oscura como el alma de quien rige este sitio infernal.

Después de estar cuatro meses, cuatro largos meses encerrada en este infierno, ya me torturo diciendo. -estoy loca y tengo que estar aquí por algún motivo-, pero cuando escribo estas palabras me doy cuenta de que no es así, no hice nada malo ¿qué podría haber de malo en enamorarse de una chica?

Mi madre cuando me internó en este sitio me dijo que era el mejor lugar para mí, que aquí me curarían, de lo que ella consideraba una grave enfermedad, le supliqué que no lo hiciera pero como siempre me miró con sus ojos indolentes, sin la más mínima piedad y me empujó hacia este sitio como si fuera una vulgar rata de la que se quiere deshacer lo más pronto posible.

 En cuatro meses no he tenido noticias ni de ella, y en verdad no las espero ni las quiero ya, para ella no significo más que una hija con una enfermedad incurable de la que se quiere deshacer. Ni tampoco sé nada de la pobre chica de la que me enamoré, quizá ella al igual que yo esté en un lugar parecido o peor a este, o incluso y lo que me rompería el corazón, yacente en algún lugar, muerta.

Los días aquí son como un infierno. Me los paso encerrada en mi habitación sola, sentada en la cama, pensando en cómo acabarán mis días, en los días que en verdad ya no quiero que sean tan largos, ni que sean. Simplemente que no haya más días para mí, cada día me acuesto rezando y suplicando que ya no me despierte más, que ya llegue mi sueño eterno, al que llevo esperando desde la primera semana que estoy aquí.

Hay situaciones peores que la mía por supuesto, yo llevo tan solo cuatro meses, pero otros llevan años y años, los del exterior se dirán que llevando tanto tiempo se habrán curado, pero si tuvieran un mínimo de preocupación, por los seres que internaron aquí, supuestamente por su bien y porque los querían, verían que lejos de curarse están mucho peor. Caras amargadas de desesperación, caras en las que ya no se podría ver el alma de un ser humano, porque la regente de este lugar, la madre superiora, se la ha arrebatado, nos ha quitado cualquier esperanza que pudiéramos tener, cualquier alegría que pudiéramos albergar, nos la ha vedado, simplemente nos ha dejado la amargura, la tristeza, los sollozos por las noches, las lágrimas que corren por nuestros ojos sin parar y sin acabarse porque es lo único que se puede hacer aquí, llorar y esperar a que la muerte te llegue y puedas descansar en paz.

Estas palabras las escribo para no volverme loca en este lugar, en un sitio marcada por la desesperación y la muerte que provoca aquella horrible mujer, de la que todos esquivan su mirada pues encierra en ella la mayor maldad que puede contener un ser humano.

Ahora como todos los días, monótonos y aburridos, arrugaré esta, de las tantas hojas que llevo escribiendo y la tiraré, me meteré en la cama, esperando mi muerte o que pase rápidamente otro día más en este infierno, con la esperanza de que algún día me pueda escapar y conmigo salgan todos los que estamos aquí injustamente. Espero que ese día llegue pronto, mas me temo que tardará o bien nunca llegará, pero aún hoy y en estas lúgubres paredes recuerdo lo que me enseñó la persona que más quiero en este mundo y es que la esperanza se debe tener siempre hasta en los momentos donde parece que una capa nos tapa la poca que albergamos, ya que un día esa capa volará.


Aunque para mí quizá esa capa que tiñe de negro mi esperanza sea demasiada pesada y nunca llegue a volar…

sábado, 3 de enero de 2015

De una confesión personal a una crítica social

Es invierno, estamos a 5ºC bajo cero, vivo solo con dos compañeras en Salamanca, tengo 18 años y soy gay. Quizá esas serían las dos palabras que describieran al chico que tenéis detrás de estos relatos que habréis leído y espero, en un futuro leáis otros muchos, esa es mi descripción, claro que con todo lo demás que implica ser persona y todo lo que se dice a la hora de presentarse, pero esas dos palabras, justo esas dos, son las que siempre he querido decir y nunca he podido, nunca me he atrevido, las dos palabras que chocan en mi mente y que siempre o al menos de momento estarán escondidas en ella. Muchos me dirían que por qué no lo digo, muchos dirían que decirlo es fácil, claro que es fácil, es decir dos palabras, soy gay, simple y llanamente, dos simples y claras palabras.

Puede parecerlo, pero quizá yo sea raro, o tal vez y solo tal vez, para que aquellos que lo dijeron antes también fuera tan difícil como lo es para mí ahora y por supuesto igual que para miles y miles de chicos y chicas.

Es España, supuestamente un país libre, en el que cada uno hace, piensa y actúa de acuerdo a como uno quiere, esto es, que si alguien es gay ¿por qué juzgarlo?, es su vida ¿no?, eso por desgracia queda muchas veces en la teoría, una ley, el Estado y todos los tribunales que queráis no pueden impedir, por desgracia, que tus familiares, que tus amigos, que la gente que más querías te miren diferente, te miren de otro modo solo por haber dicho lo que más querías decir en tu vida, porque es tu vida y eso es lo más importante. Pero hasta escasamente hace 10 años, por ejemplo aquí en el país donde vivo, no se reconocía el matrimonio homosexual, porque decían supuestamente que lo único aceptado y lo “correcto” en la sociedad es el matrimonio heterosexual, solo porque así lo decían unos cuantos papeles y unos cuantos del ala más conservadora de la sociedad, cuyo pasado y de donde vienen lo sabemos todos o casi todos los que conozcamos la realidad de la España de las última décadas, excluyendo no solo a los homosexuales, no, sino a todos los que estaban y están a nuestro lado.

¿Qué decir de otros países?, igual o mucho peor que en España, pongamos en un supuesto la India, una democracia hereditaria que dicen algunos, para mí eso no es una democracia, por cierto donde cada veinte minutos aparece una pobre mujer violada, si estuviera allí, adivinad donde estaría, en libertad puedo aseguraros que no, diez años, diez años privados de una libertad inherente por ser humanos, pero que por ser gay se deniega, como si fuera uno de los peores delitos del mundo y que hay que erradicar como si fuéramos simples y vulgares ratas. ¿Dónde están ahí los derechos humanos?, un gay allí no puede vivir en libertad, simple y llanamente porque lo dicen unas estúpidas leyes que imponen unos malditos legisladores. Otro supuesto y nos vamos a África, Uganda también pena de cárcel para los homosexuales incluso en un extremo la muerte si tienen VIH, pero no solo hay dos no, hay muchos más, hasta un 40% de los países de todos los continentes tienen leyes homófobas, pongamos Honduras, país latinoamericano, ¿sabéis una cifra que me destrozó al leerla?, el número 186, si 186 homosexuales asesinados entre 2009 y 2012, ¿adivináis que les pasó a los culpables?, nada, la mayoría seguían y siguen en libertad, se les asesinó por simple odio, por simple egoísmo, ¿qué les importaba a esos asesinos que fueran homosexuales o no?, a quienes sí que les importaba era a su familia quienes se han quedado sin hijos, sin hermanos…

Una pregunta que me he hecho siempre es ¿dónde y para qué sirven los derechos humanos en estas situaciones?, los que quieran defender este documento redactado por la gran institución, las Naciones Unidas, dirán que no se hace nada porque es otra cultura y tienen otras leyes, que allí las entienden y hay que respetarlas porque es su religión (véase las barbaridades que hacen con las mujeres en algunos países de religión islam y no se hace nada). Cuando oigo eso las lágrimas quieren aparecer en mis ojos, si en una cultura, en países supuestamente democráticos, está permitido hacer esto no solo por las autoridades nacionales sino que se acepta internacionalmente, es que no merece la pena creer en la esperanza y en lo que tanto prometen, la igualdad, la justicia... ¿Dónde estaba la igualdad cuando se asesinó a 186 homosexuales y no se juzgó a prácticamente ningún culpable? ¿Dónde?, ¿Dónde está la que tanto defienden como justicia e igualdad?, me temo que estas preguntas en el aire quedarán y nadie me sabrá dar una respuesta.

Si queremos, de una vez por todas instaurar esos valores que tanto se defienden muchos como la justicia, la igualdad, la tolerancia…hagámoslo de una vez por todas ¿Por qué condenar a alguien por ser “diferente”, por qué juzgar a alguien por eso? Desde mi humilde opinión creo que se debería valorar la diversidad y no atacarla, por ser lo que es diferente para los que quieren imponer el prototipo de persona, que para ellos es lo mejor.


Tendré esperanza en esta sociedad, cuando de verdad desde las grandes instituciones se quieran abordar y resolver estos problemas, hasta entonces, la sociedad que tanto defienden como justa, igualitaria y tolerante, para mí significará una sociedad justa, igualitaria y tolerante solo para los que quieren ellos, para los demás es una sociedad injusta, anti-igualitaria e intransigente.  

viernes, 2 de enero de 2015

Recuerdos de la guerra pasada

Muchos habréis visto, oído, leído toda clase de noticias de un conflicto bélico, de Irak, Siria, Ucrania, y la lista seguiría hasta, probablemente llenar esta página, puesto que el ser humano, sea por uno o por otros motivos, claro que la mayoría egoístas y ambiciosos, está metido en lo que es el peor destino de los posibles, una guerra, en un escenario que en la televisión se ve crudo, claro ¿cómo se va a ver en esas pantallas de alta definición?, que con casi toda probabilidad tendréis todos los que leáis esto, pero no es lo mismo. ¿Acaso la televisión muestra las imágenes más duras, las que harían vomitar hasta al más duro de los hombres?, claro que no, ¡como van a mostrar eso!  

Una guerra te destroza por dentro, una guerra puede ser, no, es el peor destino donde pueda ir un hombre, la guerra no solo te destroza físicamente, no, de hecho ese final quizá sea lo mejor que te pueda pasar, lo peor son los efectos psicológicos. No poder dormir por las noches, tener pesadillas de los hombres, que has tenido que asesinar, de quizá algún niño que te miró a los ojos y te intentó matar como si fuera un adulto más, atrapado en ese mundo de miseria, con la cara de la más pura inocencia que en realidad está esperando el mejor momento para meterte una bala entre ceja y ceja. Eso es lo que he tenido que vivir, esos son los efectos que aún hoy después de más de 74 años, si, 74 malditos años y aquí sigo con 92, viviendo en la que siempre ha sido mi patria, los EEUU,  después de la Guerra que conmocionó a todo el mundo, la que con tanto miedo muchos la pronuncian, la II Guerra Mundial.

Con tan solo 18 años me llamaron a filas en el 41, la sensación que tuve, no la podría explicar, en un principio emoción, ¡por dios iba a participar en la guerra que acabaría con aquellos malnacidos y fanáticos nacionalsocialistas! Sin embargo, a menudo que pasaba el tiempo, a menudo que pasaron los días, que iban corriendo las horas y el tiempo se agotaba, (tiempo que pasé con mi madre y con mi novia, las únicas que no acabarían en la guerra y las que no tenían en ese momento un pie en la tumba), a menudo que sabía que iban a ser los últimos instantes con ellas, la emoción se transformó en miedo y la adrenalina en sollozos.

El día de las despedidas fue horrible, no os podéis imaginar lo que es ver a una madre destrozada, arrodillada, llorando, rogando para que no se fuera su único hijo a una casi, muerte segura, al igual que su marido. Mi novia también estaba destrozada tanto o más que madre, perdía a su novio, a su hermano y a su padre, quienes descansan en el cementerio de Normandía, y a los que recordaré siempre.

Cuando llegué al campo de batalla, era todo devastador, parecía el fin del mundo, el panorama era horrible, muertos en las calles, niños, hombres, mujeres, hasta a los ancianos como yo se tiraban en las calles, como si fueran bolsas de basura que se tienen que recoger algún día. Al principio lloré, ¡por dios!, las lágrimas me salían cada vez que veía un cadáver, como podíamos hacer esto, no solo hablo  de los nazis, no, hablo de todas las ideologías, colores, todos los que estábamos en esa maldita guerra. Todos hacían cosas horribles, violaban a mujeres, ¡por el amor de dios!, mujeres que no tenían culpa de nada, mujeres que de lo único que tenían culpa era de haber nacido en el lugar y en el momento equivocado, mujeres que en muchos casos nos ayudaron.

El resto ya lo deducís por lo que habéis visto, muerte, sangre, cadáveres por las calles, que todo era malo, quizá no, había momentos buenos, los que pasaban luego de una victoria y estabas con la poca familia que estaba a tu lado  y con los compañeros, a los que era mejor no coger amistad porque si no luego te pasarías horas llorando por ver a tu camarada con una bala en la cabeza o peor, quedarte bloqueado en el frente y acabar tú también con otra bala idéntica.

Eso es por lo que pasé en la guerra, muchos pensarán, que cuando acabó en el 45 todos dábamos gritos de alegría  porque ya íbamos a volver a nuestras casas, pues esos malnacidos estaban acabados, claro que muchos lo hicieron, pero claro que otros muchos como yo no. En el preciso momento en el que se anunció la muerte de ese fanático de Hitler, no dimos gritos de alegría, no, que va, nos pusimos a pensar, a reflexionar en todo lo que habíamos perdido en esa guerra, en todo lo que íbamos a añorar a la vuelta, en las conversaciones que ya jamás volveríamos a tener, en los rostros que ya jamás nos devolverían una sonrisa, ahora nuestras emociones estarían marcadas por la tristeza y desolación, nuestras señas serían las lágrimas por haber perdido a padres, hermanos, hijos, tíos….


Aún hoy tengo pesadillas de esa guerra, desde que llegué a casa con mi madre y con mi novia, la que hasta hace tres días era mi mujer, que ahora descansa en paz, tuve pesadillas por lo que hice y especialmente por lo que vi hacer, ahora afortunadamente, disfruto lo que puedo con mi nieto, que es el que, junto con mi hija, me devolvieron la ilusión de vivir, la esperanza de que después de una guerra hay algo más y por ello doy gracias a dios por haber podido sobrevivir a esa.

jueves, 1 de enero de 2015

La sangrante historia de una mujer...

Tengo dos hijas, estoy sola y no puedo pagar mi casa, ¿qué puedo hacer?, he buscado trabajo, no encuentro nada, he buscado ayuda en lo que se supone que garantiza el bienestar, el Estado, la respuesta que me dieron un no, un no tenemos dinero. Cuando me lo dijeron me reí, no podía creer que cuando hay gente, no en empresas privadas no, sino en los servicios públicos que cobran miles y miles de euros, y los que no aparecen reflejados en las nóminas, digan a una mujer que tiene dos hijas, antes maltratada por su novio y hasta hace tres años con un trabajo estable que el Estado no tiene dinero para ella, ¿dónde está para los que realmente lo necesitamos?-me lo pregunto yo, pero como yo, habrá miles…

Cuando perdí mi trabajo creía que no iba a pasar nada, total ¿desde cuándo no se necesitan profesoras?, que ingenua era por entonces. Llevo tres años en casa ya buscando y desesperando para encontrar un trabajo, no me importaba si era de profesora, limpiadora, dependienta, solo quería lo justo para dar de comer a mis hijas. Hasta hace un año todavía tenía esperanzas de encontrar un trabajo de volver a una vida, quizá para muchos no muy buena, pero para mí la mejor del mundo.

Ahora el gobierno promete que hay trabajo, si me preguntaran a mí diría-yo no veo que lo haya, yo al menos no, quizá sea porque soy una mujer de 45 años que ya no valgo para nada-esas palabras antes no las creía, no me las quería creer, pero ya es tarde, no me dejo de atormentar porque muchas veces les digo a mis hijas de 14 y 15 años-hoy hay que mantenerse con pan y con suerte algún filete- ellas me miraban, ¿que si lo entendían?, me preguntaréis, claro que lo entendían, era a las únicas que tenía conmigo, lloraba cada noche y ellas se refugiaban conmigo y yo con ellas, no solo para consolarnos las unas a las otras, no, también para darnos calor en aquellas frías noches de invierno, puesto que como habréis imaginado la calefacción estaba descartada desde hace mucho tiempo.

Esa solo es una parte de mi historia, para mí la peor, quizá me preguntaréis el por qué después de oír todo, os lo adelantaré y os diré, lo que vosotros ya sospecháis, porque por eso no puedo garantizar el alimento, la educación, el calor y ni siquiera la higiene de mis hijas. La otra parte de mi historia la dejé caer antes, sí, soy una mujer, de esas tantas que por desgracia han sufrido violencia de género, que me gusta decirlo, por supuesto que no, pero si estoy por decir mi estupenda vida (véase la ironía) lo diré.

Ese, al que espero no volver a ver su rostro, ese del que un día me enamoré hace cuatro años, que estúpida era, al principio se presentaba como un chico modelo, un chico del que quizá se hubiera enamorado hasta la chica más desconfiada. Pero poco a poco se fue transformando, de las sonrisas cada mañana pasaron a los insultos, de los besos por las noches pasaron a los golpes, la vida feliz pasó a ser un tormento día a día, hora a hora, minuto a minuto. Que por qué no decía nada me diréis, ingenua de mí, lo quería, estaba enamorada como las ingenuas jovencitas de hoy en día se enamoran rápidamente, así era yo, además creía que cambiaría y a mis hijas de momento no las tocaba, es más se portaba como si fuera su padre.

No tenía ya ni ganas de trabajar, de hecho no fui los últimos dos meses de colegio, me preguntaron el porqué los compañeros, puse una excusa que hasta a mí me pareció repugnante, dije que una de mis hijas estaba enferma. Al principio todo era bonito, bonita como cualquier relación, besos, caricias, pelis juntos, pero después se convirtió todo en un infierno, la amabilidad se convirtió en odio, el amor en celos, mi cariño hacia él en miedo, todo se trasformó, al principio no me lo creía, -¿dónde estaba el chico del que me enamoré?-me preguntaba una y otra vez, una y otra vez me atormentaba-¿cómo me pude enamorar de eso?-como he sido tan estúpida.

Pasaban los días, días que eran eternos, días que los pasaba entre llanto y llanto, por supuesto ocultándome de mis hijas, no quería que sufrieran conmigo, no quería que estuvieran a mi lado en esos angustiosos momentos.

Pero llega un día, llegó un día en que no pude más, casi me mata. Me pegó donde nunca me había pegado, me dejó toda la cara ensangrentada de los golpes. Mis hijas llegaron del colegio y lo vieron todo, vieron como aquel hombre, aquel que habían considerado como un chico amable, dulce, cariñoso era en realidad el hombre más horrible que habían visto en sus vidas, en sus cortas vidas. Mis niñas rápidamente actuaron, lo cogieron como bien pudieron, sacaron una fuerza que nunca había visto, una rabia se apoderó de ellas, el vínculo de una madre con sus hijas les hizo comportarse así, lo consiguieron sujetar, lo justó para zafarme yo y golpear a ese, que no nombraré y dejarlo inconsciente.

Luego ya os podéis imaginar lo que pasó, llamé a la policía y se lo llevaron lejos de mi vista, afortunadamente después del juicio y todo el rollo de esta, tan rápida justicia nuestra, no lo he vuelto a ver y espero que sea así para siempre.Lo peor de todo que ni a mí, ni a mis niñas se nos ha conseguido olvidar ese momento y ese rostro poseído por la rabia -¿cómo hacerlo?, lo único que me ayuda son mis hijas en este momento, no tengo a nadie más y en verdad no necesito a nadie más en mi vida, ellas me dan todo el cariño que necesito, el amor que cualquier persona precisa.
Y esa es mi historia, ahora estoy pendiente de una orden de desahucio, que se dará como mucho en una semana, espero poder contaros que he conseguido evitarla, lo espero…


Este tan solo es un relato escrito por mí, un chico de 18 años, pero desde aquí mi apoyo a todas aquellas mujeres que han sufrido o que sufren, y si es así denunciadlo, violencia de género. Nadie merece pasar por eso, 59 es el sangrante número de mujeres asesinadas por esta lacra social en 2014 en España, cada una con un nombre, con una historia, con una vida…, no son solo un número, que el 2015 empiece y acabe con cero víctimas de violencia de género.

Tolerancia cero contra la violencia de género.